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Color Congress: Documental para el futuro

Sahar Driver y Sonya Childress codirigen el Color Congress, un ecosistema que proporciona recursos, apoya, conecta y defiende a las organizaciones dirigidas por personas de color que sirven a los cineastas de no ficción, a los líderes y al público de color en los Estados Unidos y las islas. Este ensayo se publicó originalmente en el blog Medium del Color Congress. Se vuelve a publicar aquí con su permiso.

Los últimos años han traído cambios tectónicos para la sociedad y la cultura de Estados Unidos. Esto ha sido así también para quienes trabajamos en el campo de los documentales. Mientras navegábamos por la inestabilidad en el campo, las personas de color y otras comunidades marginadas se movilizaron para mantener a nuestra gente a salvo de las enfermedades que amenazan la vida; del odio alimentado por la pandemia contra los asiático-americanos, de la escalada de la violencia policial contra las comunidades negras; de las catástrofes climáticas y de la guerra y el conflicto concomitantes por los recursos naturales, ya sea por el petróleo en Oriente Medio o por el agua en las Dakotas o en cualquier otro lugar; y del continuo aumento de la pobreza y la disminución de las redes de seguridad.

Estas condiciones extremas crispaban los nervios, ponían a prueba la paciencia y animaban a la gente a enfrentarse a cuestiones con las que nuestro sector ha luchado históricamente, como las normas laborales, la consolidación del poder y la influencia, y la equidad y el acceso en el campo. De repente, la presión para abordar estas cuestiones de forma urgente y pública aumentó, junto con las consecuencias de la inacción.

Esta urgencia por cambiar el campo hacia la equidad es, sin duda, una respuesta a la transformación social catalizada por la pandemia, la recesión, las amenazas a la democracia, la violencia racial y una guerra cultural librada en las escuelas, los hospitales, las casas de fe, las salas de prensa y los medios de comunicación. También es un reconocimiento de que los documentales son una de las herramientas más poderosas que tenemos para educar al público y moldear la opinión y el discurso públicos. Si queremos que una democracia pluralista y diversa tenga éxito, necesitamos una narrativa que refleje con precisión las realidades vividas por nuestra diversa nación, dirigida por personas que comprendan profundamente las experiencias y perspectivas de las personas cuyas historias se les han confiado, que tengan un interés personal en que la historia sea correcta. Además, necesitamos personas que hayan demostrado responsabilidad y deber de cuidado, no sólo para las personas y las comunidades en el centro de las películas, sino para lo que está en juego en general. La creación de vías y plataformas para los narradores marginados dentro de un campo que todavía no es equitativo ha sido un problema perenne, que ahora se hace sentir con urgencia.

Este trabajo es necesario.

A pesar del apoyo público a la equidad y la inclusión, sabemos que los cineastas BIPOC (acrónimo en inglés, “Black and Indigenous People of Color”), especialmente las mujeres, son los menos representados entre los directores acreditados en las principales plataformas públicas, de cable y de streaming. Los directores hombres y blancos siguen dirigiendo la mayor parte de los documentales distribuidos hoy en día. Y eso vemos e tenemos la investigación (de próxima aparición): The Lens Reflected.

Sabemos que la narrativa de ficción y no ficción convencional a menudo borra por completo a las personas de color o emplea tropos perjudiciales que contribuyen a percepciones y políticas negativas que afectan a comunidades enteras. Porque tenemos la investigación: Erased or Extremists, Haqq and Hollywood, Reclaiming Native Truth, Latinos in Media Report y Normalizing Injustice.

Sabemos lo difícil que es para los cineastas independientes de color conseguir que sus películas sean presentadas en los principales festivales. Sabemos eso porque tenemos la investigación: Distribution Advocates teaser de la próxima investigación del Center for Media and Social Impact.

También sabemos que las organizaciones creadas por personas de color para apoyar la narración de historias por y para personas de color, que se centran en el cuidado de nuestras comunidades y audiencias de color, han funcionado históricamente con recursos y reconocimiento mínimos. Eso lo sabemos gracias a la investigación: Más allá de la inclusión.

Todos estos datos apuntan a la persistencia de desigualdades estructurales en el sector de los medios de comunicación y los documentales, a pesar de la inversión filantrópica, la organización de base y los compromisos institucionales con la equidad y la inclusión. Los retos son enormes, pero se está avanzando.

En 2020, cineastas y líderes se preguntaban mucho sobre lo que se podía hacer para «afrontar el momento» y hacer que nuestro campo fuera más equitativo y respondiera a los llamados por justicia racial. Muchos de nosotros comprendimos entonces que lo que estaba en juego era increíblemente alto. Ahora, en 2022, podemos ver que esas preguntas se respondieron con acciones.

La filantropía dio un paso adelante para liberar fondos de emergencia para los documentalistas económicamente vulnerables y los productores de impacto al comienzo de la pandemia. Muchas instituciones históricamente dirigidas por personas blancas se volcaron en el trabajo de la diversidad, equidad, e inclusión (DEIA) para subsanar las carencias de su liderazgo y cultura organizativa. Defensores sindicales impulsaron reformas laborales y la toma de decisiones colectivas dentro de las organizaciones de documentales. Los colectivos de documentalistas crearon directrices para la acreditación y modelos de financiación equitativos para garantizar que todos los profesionales del cine sean reconocidos y compensados. Vemos que el impacto colectivo de estos esfuerzos nos lleva a un sector más inclusivo y poderoso. Nos han inspirado especialmente las personas de color y otros miembros de comunidades marginadas que se han organizado para construir un campo que refleje todas nuestras voces.

El Grupo de Trabajo para la Responsabilidad de los Documentales (DAWG, por sus siglas en inglés) publicó un marco para la realización de documentales basados en valores como una oferta para el sector. Ha sido desarrollado por una coalición de profesionales del documental que sienten un profundo respeto por los cineastas y creen en el poder transformador de su trabajo. Porque saben que la mayoría de los cineastas quieren hacer trabajos de no ficción que ayuden a las comunidades vulnerables, en lugar de causarles daño.

La Agencia Narrativa de Detroit publicó un marco para ayudar a los equipos cinematográficos a hacer operativas la toma de decisiones colectiva y la autodeterminación en las obligaciones legales y contractuales de sus proyectos, de modo que los cineastas que quieran vivir de acuerdo con sus valores tengan las herramientas necesarias para hacerlo. Porque la mayoría de los cineastas quieren asegurarse de que su trabajo no sólo les beneficia a ellos, sino también a las comunidades documentadas.

FWD-Doc ha publicado un conjunto de herramientas para ayudar a las organizaciones de medios de comunicación a garantizar que nuestros medios sean accesibles a los mil millones de personas sordas y discapacitadas del mundo. Porque nuestro trabajo no es hablar en nombre de los que no tienen voz, sino reconocer la capacidad de acción y las contribuciones de todos los miembros de nuestra comunidad.

Firelight Media comisarió Beyond Resilience, un espacio virtual para debatir con honestidad y camaradería los problemas a los que se enfrentan los cineastas de color. Porque necesitamos espacios generadores para debatir respetuosamente las ideas con el fin de crecer juntos a través de este período de transformación.

Y lanzamos el Color Congress con una propuesta sencilla: dotar de recursos y apoyar a las organizaciones que han rendido cuentas a las comunidades de color en todo momento y cuyos compromisos con las comunidades de las que forman parte se han mantenido firmes, en algunos casos durante décadas. Porque es fundamental para lo que son y lo que hacen.

Cada esfuerzo pone un ladrillo más en los cimientos de un nuevo ecosistema documental más equitativo. Estas ofertas representan la esperanza de que nuestro campo y las personas que están dentro del mismo puedan evolucionar más allá de las normas y prácticas que se consolidaron antes de que muchas de nuestras comunidades tuvieran siquiera un asiento en la mesa. Vemos que, cuando las comunidades que han sido históricamente marginadas en nuestro campo se están organizando, el resultado no es más exclusión, sino más inclusión. Y esta inclusión nos beneficia a todos, incluso cuando nos desafía a ir más allá del punto de comodidad, o a ceder el espacio que antes ocupábamos para hacer sitio a todos. El resultado de este trabajo será un sector documental moldeado por nuestra diversidad, vinculado a nuestro deber de cuidado y a nuestra voluntad de hacernos responsables del impacto de nuestro trabajo, no sólo de nuestras buenas intenciones.

El campo que estamos construyendo indica a la gente que las historias que nos han confiado serán tratadas con cuidado. Donde saben que ellas y ellos también serán escuchados, oídos, protegidos y atendidos. Donde los distintos públicos tengan acceso a historias que les interesan. Donde los cineastas puedan entrar en una sala y ver a los responsables de la toma de decisiones que reflejan sus experiencias vividas. Donde las historias con matices y profundidad circulan y se les da una plataforma y es obvio para los responsables de la toma de decisiones cuando las historias reproducen estereotipos y agravan el daño. Es un campo en el que se respeta a cada uno de nosotros, independientemente de su raza, etnia, capacidad, clase, género, sexo, ciudadanía u otra diferencia.

La visión de este nuevo sector documental es audaz y emocionante. Pero no podemos permitir que una retórica peligrosa y una política reaccionaria pongan en peligro los logros alcanzados para garantizar que el sector sea un reflejo de todos nosotros y esté abierto a ellos. El poder y el potencial de un sector documental diverso es una fuerza demasiado grande como para sacrificarla en una guerra cultural tóxica.

Este momento de transformación no es fácil. Las nuevas normas nos obligan a ampliar nuestros márgenes de aprendizaje y a evolucionar. Pero juntos podemos co-crear un campo documental del que todos podamos estar orgullosos. Podemos crear el campo documental del futuro.

James Thacher
jamesthacher@gmail.com


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