Las vidas que vivieron

Foto destacada: Filmando 500 Años juntos en Guatemala: L-R David Dávila, Irma Alicia Velásquez Nimatuj, María Aguilar Velásquez, Heber Uziel López Velásquez, Eduardo Cáceres, Melle van Essen, Beatriz Gallardo, Pamela Yates, Paco de Onís, y en medio de todas las personas, Doña Clara Nimatuj Ajquí. 

Al comenzar de nuevo, hacemos una pausa para recordar y honrar a los cineastas y defensores de los derechos humanos que fallecieron en 2022 y que formarán parte para siempre de la familia Skylight.

Javier Bajaña

Por Pamela Yates

Javier Bajaña en Cuba

Conocí a Javier Bajaña cuando el Frente Sandinista estaba a punto de derrocar la dictadura de Anastasio Somoza en 1978. Javier vivía en Nueva York y organizaba campañas de concientización y recaudación de fondos para el revolucionario Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), que finalmente se impuso y llegó al poder en 1979. Cuando las fuerzas de Somoza se reagruparon y contraatacaron con una contrarrevolución, Javier se convirtió en productor asociado de nuestra película Nicaragua: Informe desde el frente, donde filmamos la reacción contrarrevolucionaria contra los sandinistas financiada por la CIA.

Viajando a pie, primero con los «contras» caminando más de 100 millas hacia Nicaragua desde Honduras, y luego con el Ejército Sandinista en la misma zona de la frontera en el lado nicaragüense, documentamos pruebas que demostraban que Estados Unidos estaba financiando encubiertamente a insurgentes armados para detener a los sandinistas y nuestra película se utilizó más tarde en el Congreso para cortar esa financiación. Más tarde, Javier fue fundamental en nuestro rodaje con Rigoberta Menchú mientras ella escribía y luego contaba su historia directamente a la cámara para Cuando tiemblan las montañas.   

Javier era un enigma, un hombre al que todo el mundo creía conocer. Pero, ¿qué sabíamos realmente de la totalidad de su vida? Era brillante compartimentando sus muchas vidas y amores. Y siempre tenía grandes historias que contar. 

Javier nació en Ecuador, pero llegó con su familia a Nueva York muy joven. Era un neoyorquino de pura cepa, muy sociable, tenía montones de amigos, conocía a todo el mundo y era un productor nato. Con el tiempo se convirtió en productor senior en la oficina de Nueva York de Tokyo Broadcasting Service (TBS). Su especialidad era América Latina y recorría desde la frontera sur de Estados Unidos hasta Tierra de Fuego, cubriendo las noticias de última hora del día. Le encantaba seguir el pulso de la historia. 

Lo que vio como periodista político, especialmente el sufrimiento de los niños que no podían recibir atención sanitaria, se convirtió en una fuerza motriz. Se convirtió en la pasión de su vida. Sintió que había tenido el privilegio de crecer y educarse en Estados Unidos, y que sus propios hijos estaban sanos. Así que unió fuerzas con Global Health Partners (GHP), una ONG internacional comprometida con la mejora del acceso a la atención sanitaria mediante asociaciones con organizaciones regionales y comunitarias de toda América Latina. Javier centró sus esfuerzos principalmente en Nicaragua y Cuba, esta última debido al embargo estadounidense, que impedía que llegaran allí suministros médicos. GHP desempeñó un papel decisivo a la hora de dirigir decenas de millones de dólares a la región y Javier estuvo presente en cada paso del camino a lo largo de casi 30 años de trabajo.   

La gran alegría de la vida de Javier fueron sus tres hijos con su primera esposa, Luz Alba Tinoco Fonseca. Alex, Karla y Jessica, quienes obtuvieron becas académicas en universidades de EE.UU. Todos son bilingües inglés/español y profesionales en activo. A Javier también le sobrevive su segunda esposa, Isabel Patricia Díaz Bajaña, con quien se casó en 2008.

La relación de Javier con su querida Nicaragua terminó mal. Después de apoyar a Nicaragua incluso después de que el régimen de Ortega se volviera represivo, o como se lamentó Bob Schwartz, «Nos quedamos demasiado tarde en el baile», GHP dejó de trabajar con el gobierno nicaragüense en 2018 cuando un levantamiento popular contra la represión del gobierno sacudió al país. Javier nunca pudo regresar y murió cuatro años después. 

En mi última charla con él unas semanas antes de su muerte, le pregunté sobre su relación con el gobierno de Ortega y lo dijo sin rodeos: «No apoyo la represión de ningún tipo ni forma. A la mayoría de mis amigos, como a mí, no se les permite entrar en Nicaragua». Le dije: «Siento mucho que no te dejen entrar. Estuviste tan comprometido durante tanto tiempo con el éxito de la democracia y la justicia en Nicaragua».  Me contestó: «Ya no sé qué decir: …. ¡Mantenme informado!»

DIEGO COBO BERNAL 

Por Anaïs Taracena

Diego Cobo Bernal, izquierda, con Anaïs Taracena, Andrea Ixchíu y miembros de la Red Tz’ikin

Diego Cobo Bernal era un joven de 27 años, muy talentoso y curioso, le encantaba la fotografía, tenía una personalidad un poco tímida pero siempre estaba sonriendo. Lo conocí en el año 2014 cuando impartimos un taller de audiovisual con la Red Tz’ikin en la comunidad de Tzalbal, Nebaj. 

El taller duraba 12 días y cada participante tenía que proponer una historia para ser elegida y creada de forma colectiva. Diego propuso una historia de ficción sobre el suicidio de jóvenes adolescentes ya que era una problemática en su comunidad que había afectado a muchas familias y de la cual no se hablaba de forma pública. El cortometraje se llamó «Xhun» como el personaje principal.

Diego estaba tan entusiasmado por la historia y los diálogos que terminó interpretando a Xhun, el protagonista del cortometraje Tenía 19 años y quedó apasionado por el cine y el video.

A partir de ahí trabajó en Muestras comunitarias del Colectivo Cine en la Calle y de la Red Tz’ikin, participó de diversas creaciones audiovisuales y trabajó como comunicador social y fotógrafo en varias organizaciones de derechos humanos en Nebaj.

Diego decidió migrar temporalmente a los Estados Unidos en el 2022, por la misma razón que lo hacen miles de jóvenes en Guatemala, la búsqueda de mejores oportunidades laborales y económicas ante la ausencia de posibilidades en un país carcomido por la corrupción y la falta de estado de derecho. Murió ahogado en un río de California. Siempre vamos a recordar a Diego por su talento, entusiasmo, curiosidad y carisma.

CLARA NIMATUJ AJQUÍ 

Por Irma Alicia Velásquez Nimatuj

Foto: Skylight de 500 Años. Tres generaciones: Irma Alicia Velásquez Nimatuj, Clara Nimatuj Ajquí y María Aguilar Velásquez

¿Cómo se despide a un amor verdadero, cuando esos amores son tan pocos en la vida? Se despiden con alegría, con dolor, con baile o acaso con la fútil ilusión de que en un futuro nuestros caminos podrían volver a cruzarse. 

Ahora despido al amor que fue clave en la formación de mi vida durante nueve meses, al amor que celebró mis primeros pasos, que arropó mi cuerpo y que, sobre todo, conforme fui creciendo fue impregnando mi vida de un elemento importante: dignidad. Esa dignidad que necesité para caminar en medio de espacios sociales externos que nos excluían por ser mujeres o por nuestro origen indio. 

Hoy nuestras familias se separan físicamente del más grande amor que nos unió, nuestra madre, la señora Clara Nimatuj Ajquí (1935-2022), esa sencilla mujer que impregnó en nuestras vidas disciplina, valores y sobre todo sentido de sensibilidad frente a nuestro entorno, hoy decimos adiós a nuestra amada guerrera, a la abuela, bisabuela, hermana, tía, prima, comadre, vecina y amiga, quien en este día viernes 21 de octubre, que también es el día Job’ Imox, venimos a devolver sus restos a la tierra para que se convierta en semilla de bellota que colocada en tierra sagrada florezca en sabiduría, fuerza y memoria para sus hijas, nietas y para las generaciones venideras de mujeres valientes que seguirán transformando la tierra que hoy pisamos.

Doña Clarita nació un 18 de agosto de 1935 en el cantón América de la ciudad de Quetzaltenango, fue hija de don Víctor Nimatuj, agricultor y aj’quij, y de la señora Catarina Ajquí Cojulum, curandera, huesera y vendedora de melcocha. Y nieta de la señora Cleotilde Cojulum, una exitosa comerciante de pom, candelas e inciensos, y de don Agustín Ajquí, uno de los 52 principales k’iche’, quienes enfrentaron la destrucción de su alcaldía indígena ante el avasallamiento del gobierno central en 1895. 

De niña trabajó con su tía la señora Juana Ajquí y con sus tíos Francisca Ajquí y Pedro Chávez, reconocidos empresarios k’iche’. Con todas ellas y ellos, ella aprendió las reglas y vicisitudes del comercio a pequeña y mediana escala. Eso la llevó a independizarse siendo aún una adolescente, cuando inició su propio negocio con el aporte económico de su tío Teodoro Ajquí, un industrial quien llegó a descollar a nivel nacional y a quien ella siempre agradeció el impulso. Iniciada en el comercio el único límite que doña Clara tuvo fue su imaginación, fue ampliando su negocio primero en el Mercado Central, posteriormente en el Mercado La Democracia y finalmente en el Mercado de la Terminal, para retornar al Mercado La Democracia en donde trabajo hasta retirarse. Su determinación, su capacidad de alianzas con familias productoras, su conocimiento y su linaje comercial la llevaron a convertirse en una hábil mujer, quien a sus 40 años había pasado también a invertir en bienes y raíces. Uno de los éxitos de doña Clara fue saber enfrentar con sabiduría y serenidad las vicisitudes de la vida, especialmente cuando el Mercado Central de Quetzaltenango se quemó el 2 de diciembre de 1966, el Mercado La Democracia el 29 de diciembre de 1980 y posteriormente el Mercado de la Terminal en donde ella perdió todas sus inversiones. A pesar de eso, siempre sacó lecciones y estuvo dispuesta a empezar de cero con profunda tenacidad, creyendo en sus habilidades y sin temor a los retos.

Otra característica de doña Clara es que nació en una familia amplia de abuelas, abuelos, tíos, tías, primas y primos que ella supo cultivar. Ella amó profundamente a cada uno de los miembros de su familia y lo demostró respaldándoes en los momentos de felicidad o en los momentos de tristeza. Siempre estuvo al lado de sus seres amados con su presencia, con su trabajo y su servicio. También supo entablar relaciones de equidad con las familias que le proveían productos, así como con los trabajadores, a quienes hasta el último momento ella demandó que se les respetara y se les asumiera como miembros de una amplia familia. Ella explicaba que, sin ellos, ningún negocio, ninguna empresa o ninguna familia podía prosperar. 

Uno de sus sueños fue viajar y lo logró. Conoció Cuba y se sorprendió de que no existieran niños sin saber leer o escribir como los miles que existía en nuestros pueblos y comunidades, pero le dolió observar el impacto del bloqueo económico. Ella no comprendía cómo los países más ricos impedían que formas distintas de pensar bloquearan los procesos normales de intercambio, le parecía que iba en contra de las corrientes naturales de intercambio. Viajó a Europa y a los Estados Unidos, y sobre este último país, aunque le sorprendió la tecnología nunca se dejó deslumbrar y su recomendación era que debía distinguirse lo trivial de lo relevante. En sus últimos años volvió a recorrer tierra santa y no podía entender cómo en tan pocos años la vida de la población palestina se había deteriorado.

En términos ideológicos, ella explicaba en un lenguaje simple que el comunismo no era el sistema de vida en el que los pueblos indígenas pudieran prosperar y, además, reconocía que el capitalismo descarriado exprimía a los seres humanos y a la madre tierra. Su propuesta, con sus propias contradicciones, se basaba en mantener un leve equilibrio entre seres vivos y consumo, y aunque reconocía que no había reglas, si planteaba que una sola persona no debía guardar en un día lo que podía alimentar a cientos de personas. Expresaba que esos comportamientos solo provocaban resentimiento.

Otra de las características de doña Clara fue su capacidad para enfrentar sus problemas de salud, a pesar de la dureza de sus enfermedades o sus dependencias y nunca se dio por vencida logrando encontrar alternativas, aun recurriendo a medios que en algún momento le hubieran parecido contrarios a sus ideales. 

Mucho podría escribirse de doña Clara, pero toca decirle adiós físicamente a esa amada madre, hoy continuamos sus hijas con raíces fuertes, hoy quedan sus nietas y nietos abriendo y solidificando sus propios caminos y sus bisnietos empezando a dar los primeros pasos. Hoy agradecemos al nawal Job’ Imox porque la recibe para que sus huesos se confundan con los de sus padres, a quienes ella tanto llamó en sus últimos tiempos.

Gracias, amada madre, porque comprendió mi vida y me respaldó, a veces con su silencio, hoy sé que la estrella que siempre me alumbraba ahora ha decidido caminar hacia el infinito, mientras yo siento que caigo en un torbellino de emociones que me arrastran al fondo del océano. En medio de todo, queremos darle las gracias porque los pasos que usted dio nos permitieron a sus hijas avanzar mucho más de lo que usted un día imaginó. Y en medio de esta separación física agradecemos a todas las personas y profesionales que a lo largo de estos años estuvieron a su lado, cuidándola, acompañándola y dándole lo único que usted necesitaba, un poco de nuestro tiempo. 

NICOLÁS TOMA MATÓM

Por Pamela Yates

Nicolás Toma Matóm (de pie) testificando en el juicio por genocidio en contra del General Ríos Montt, visto en nuestra película 500 Años.

Don Nicolás fue un testigo importante en el caso de genocidio contra Efraín Ríos Montt en 2013, donde filmamos su testimonio en la corte que apareció en la película 500 Años.

Oriundo de Villa Hortensia II, San Juan Cotzal, expuso valientemente a los militares guatemaltecos, acusándolos con gran detalle de los asesinatos en 1982 de su madre, su padre, su hermano de 10 años y aproximadamente otras 30 personas, todos miembros de la comunidad maya ixil. Sus hijas de 4 y 5 años desaparecieron en el caos del ataque y nunca fueron encontradas. Él cree que los militares se los llevaron.

Don Nicolás huyó de su pueblo y se escondió en las montañas durante dos años, pero fue encontrado y reclutado a la fuerza para servir en las patrullas de autodefensa civil (PAC), donde tuvo que destruir campos de maíz para quitarles la principal fuente de alimento que permitía a la gente sobrevivir. Como parte de esta milicia, él y otros se vieron obligados a ser escudos humanos para los militares.

Sobreviviendo a todo esto, dedicó su vida a preservar la memoria histórica de lo que realmente sucedió durante la época del genocidio a pesar de la historia oficial que decía que nunca ocurrió. Don Nicolás nunca se dio por vencido en la búsqueda de justicia en el genocidio guatemalteco.

JOHN WASHBURN

Por Pamela Yates

John Washburn

Paco y yo le pedimos a John Washburn que fuera la primera persona de nuestro Consejo Asesor cuando decidimos producir La Batalla por la Corte Penal Internacional (The Reckoning).

John había sido uno de los miembros fundadores de la Coalición por la Corte Penal Internacional (CCPI) y se había convertido en Coordinador de la Coalición Estadounidense por la CPI (AMICC) y Copresidente del Grupo de Trabajo de Washington sobre la Corte Penal Internacional (WICC). Sabía mucho más sobre la CPI que nosotros, y sus percepciones nos ayudarían a resolver un reto fundamental – ¿cómo íbamos a conseguir hacer un documental convincente y atractivo sobre los primeros seis tumultuosos años de la Corte?

John era extremadamente generoso con sus conocimientos y su intelecto, siempre nos hacía sentir que nosotros mismos estábamos descubriendo que esta Corte de La Haya tenía la posibilidad de forjar un nuevo paradigma para la justicia global.

Era un abogado de la vieja escuela, siempre de traje y sombrero de ala ancha, que actuaba de forma moderna. Más tarde descubrimos que se graduó en Harvard y de la Facultad de Derecho de Harvard y que, tras aprobar el examen del Colegio de Abogados de Washington DC, ingresó en el servicio exterior y prestó servicios en India, Irán e Indonesia. En el Departamento de Estado fue Presidente del turno de noche del Grupo de Trabajo sobre Rehenes Iraníes en 1979 y recibió una mención especial del Secretario de Estado por su servicio. Su carrera profesional se centró en las organizaciones internacionales, y fue Director de la Oficina Ejecutiva del Secretario General de la ONU de 1988 a 1993. Desarrolló su pasión por los derechos humanos ayudando a crear y promover la Corte Penal Internacional.

John se rodeaba de jóvenes aspirantes a ser abogados, a los que llamaba «licenciado» incluso antes de que hubieran aprobado el examen del Colegio de Abogados. Al final de su vida, la organización que tanto amaba, la Coalición Americana para la Corte Penal Internacional, se instaló en el Instituto para el Estudio de los Derechos Humanos de la Universidad de Columbia, donde continúa su labor en la actualidad.

Nunca olvidaré a John en la última proyección para recibir comentarios antes del estreno de nuestra película La Batalla por la Corte Penal Internacional en Sundance en 2009. Cuando pasaron los créditos, saltó de su asiento y exclamó: «Es un triunfo de las artes sincréticas!”* 

(*un proceso intencionado para visualizar ideas que no tienen un lenguaje visual propio preexistente).

***

Gracias a todas las personas que contribuyeron, incluyendo a María de los Ángeles Aguilar, Bob Schwartz, Jennifer Schense, Andrea Ixchíu, and Patricia Bajaña.

Pamela Yates
pamela@skylight.is

Pamela Yates es una cineasta galardonado y cofundadora/directora creativa de Skylight Pictures, una compañía dedicada a crear largometrajes documentales y herramientas de medios digitales que promueven la conciencia de los derechos humanos y la búsqueda de justicia mediante la implementación de campañas de divulgación de varios años diseñadas para involucrar, educar y activar el cambio social.



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