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El poder de un premio Nobel

foto destacada: Rigoberta Menchú acepta el Premio Nobel de la Paz, 1992

No siempre fue así. Rigoberta Menchú no una de las personas más conocidas del mundo en 1982, cuando llegó a nuestro estudio de Skylight. Tenía 22 años y se había visto obligada a salir exiliada de Guatemala, temiendo por su vida. Cuando estrenamos Cuando las montañas tiemblan, la película en la que colaboramos con Rigoberta para contar su historia, el crítico del New York Times – en una crítica mezquina y racista que ni siquiera pronunciaba su nombre – escribió: «Una mujer india… entra y sale hablando de la opresión. También alude a la inexistente ayuda militar estadounidense. El documental no le proporciona un traductor, leemos sus palabras en subtítulos… típico de esta confusa producción».  

Cuando las montañas tiemblan se convirtió en un clásico del documental político visto por millones de espectadores y contribuyó a situar a Rigoberta en la escena mundial. Su exitoso libro de memorias, «Yo, Rigoberta Menchú», sigue siendo muy leído hoy en día. Rigoberta Menchú viajó incansablemente por el mundo como activista y diplomática en defensa de los derechos de los indígenas, haciendo un llamado para poner fin a la violencia en Guatemala y buscando la paz en todo el continente americano.

Entonces llegó 1992. Se cumplían 500 años de la llegada de los europeos a lo que hoy se conoce como las Américas, donde había civilizaciones florecientes y fuertes. Los logros de los pueblos indígenas en materia de conocimiento fueron recibidos a sangre y fuego. El Comité Nobel eligió a Rigoberta Menchú para recibir el Premio de la Paz en este quinto centenario como reconocimiento a su papel histórico en arrojar luz sobre el genocidio en Guatemala, sus ideas innovadoras sobre formas de avanzar y como reparación a las civilizaciones asediadas por el colonialismo.

Rigoberta ofreció estas reflexiones sobre lo que el Premio de la Paz ha significado para ella: 

“El premio Nobel de la Paz 1992, fue una responsabilidad sin precedentes en mi vida personal y en la vida de todas las personas con quienes habíamos protagonizado la lucha por el sueño de dignificar la verdad legítima de los pueblos Indígenas. Son 30 años de intenso trabajo en alianza con muchos movimientos y diversos sectores. Yo creo que hemos marcado muchos precedentes en la memoria colectiva de los pueblos Indígenas, en las conquistas en los derechos de las mujeres y en especial en la historia de los Derechos Humanos. Actualmente soy profesora en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de México UNAM y también investigadora extraordinaria en la coordinación de Humanidades de la UNAM.”

Como primera mujer indígena y en aquel momento la laureada más joven en recibir el Premio Nobel (tenía 32 años), Rigoberta reconoció rápidamente que estaba en condiciones de encabezar una búsqueda de justicia sin precedentes por el genocidio guatemalteco. Presentó una demanda contra ocho altos mandos del ejército guatemalteco en la Audiencia Nacional española en virtud del principio de jurisdicción universal, el derecho a enjuiciar los peores crímenes incluso si tienen lugar en otro país. El caso en España animó a jueces y juristas guatemaltecos a juzgar el caso en el país y en 2013 comenzó en Guatemala el primer juicio por genocidio y crímenes de lesa humanidad contra indígenas en América.

Rigoberta Menchú con un sobreviviente maya-ixil en un juicio por genocidio, 2013. Foto: Daniel Hernández-Salazar de 500 Años

Cada juicio crea una nueva narrativa con una perspectiva histórica diferente y Rigoberta no se detuvo después de haber creado este precedente. A continuación, trabajó para llevar ante la justicia a los responsables del incendio de la Embajada de España en Guatemala en 1980, en el que murieron los 38 manifestantes pacíficos que se encontraban dentro, incluyendo su padre, Vicente Menchú. Rigoberta nunca ha renunciado a buscar y defender a las familias de los 45.000 desaparecidos durante la guerra civil de Guatemala.

El ascenso de Rigoberta como líder mundial dedicada a la justicia transicional y los derechos humanos, sin miedo a perseguir a la élite militar y política de Guatemala, provocó una enorme reacción en su contra. Mucha gente trató de impedir que se supiera sobre la opresión sistemática y el genocidio de las comunidades mayas por parte de la oligarquía guatemalteca.

El antropólogo estadounidense David Stoll, negacionista del genocidio, investigó la historia de su vida y la acusó de falsificar los hechos. Larry Rohter, del New York Times, escribió el artículo de la página 1 «Laureada manchada» y preguntó al Comité Nobel sobre la revocación del Premio Nobel de la Paz. El Comité se negó a concedérselo, alegando que el premio se le había otorgado por sus esfuerzos en favor de los derechos humanos, no por su historia familiar. Rigoberta explica que estaba contando la historia colectiva de los mayas, no sólo su experiencia familiar individual. Sin embargo, ha sufrido una larga y destructiva campaña para difamarla, especialmente en la prensa guatemalteca.

Rigoberta se presentó dos veces a las elecciones presidenciales y como la guatemalteca más famosa, es muy admirada en el extranjero y en su país. Mi querida amiga Andrea Ixchíu Hernández, cineasta maya k’iche’, defensora de los derechos humanos y hacker cultural innovadora, me contó que de niña: 

«Me emocionaba y admiraba que una mujer indígena hablara ante todo un auditorio sobre los 500 años de resistencia indígena. Doña Rigoberta fue ejemplar, permitió a nuestras familias hablar de la guerra, de la violencia y enfrentarse a una cultura del silencio. Y ella ha difundido las ideas de nuestra cosmovisión maya por todo el mundo. Lamentablemente, muchas de las cosas que intentamos cambiar siguen igual. Ahora mismo, en la actualidad, estamos viendo a una comunidad maya q’eq’chi a la que la policía intenta echar de su propia tierra, pero que persiste, plantando sus cultivos frente al acaparamiento de tierras por parte de las plantaciones de monocultivo de aceite de palma. Que Doña Rigoberta siga abriéndonos muchos caminos para que las voces de los pueblos indígenas resuenen en todo el mundo».

En honor al Día de los Derechos Humanos y al 30 aniversario del Premio Nobel de Rigoberta Menchú, te animamos a leer su discurso de aceptación.

Rigoberta Menchú y yo en el rodaje de Granito

Y como parte de la comunidad de Skylight, creo que te reirás mucho de la crítica original del New York Times de Cuando las montañas tiemblan que he mencionado antes, de lo equivocado que estaba el crítico sobre la película en contraste con su impacto duradero y sus elecciones estilísticas, que estaban adelantas a su tiempo. 

Matisse Bustos
matisse@theotrolado.com


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